Cada país tiene un régimen: parlamentario, presidencial, de partido único, monarquía, junta… Aporta pequeños modificadores a la economía, el ejército y la diplomacia, y fija los cargos del gabinete y el calendario electoral. Puedes cambiarlo desde la tarjeta del régimen en la pestaña de Gobierno, por reforma o por golpe.
La legitimidad es el apoyo del pueblo y de los grupos que sostienen el régimen. La gente juzga al gobierno según lo que está acostumbrada: un bajón repentino golpea fuerte, mientras que una situación duradera se acaba aceptando. Los regímenes sin elecciones se desgastan con los años; si la legitimidad sigue muy baja mucho tiempo y el ejército está molesto, llega un golpe.
Los grupos de interés votan el nuevo sistema. Su ánimo, su ideología y los privilegios que perderían deciden su postura; su influencia, cuánto pesa. Si la oposición pesa más que el apoyo, la reforma no arranca. Y aunque arranque, una oposición fuerte encarece el cambio, calienta la calle durante la transición y desgasta tu legitimidad. En un golpe, si el ejército no respalda el nuevo orden, el intento se viene abajo. En la tarjeta de cambio ves quién está contigo y quién en contra.
En una democracia sometes una política a votación; en un mes, más o menos, pasa por comisión, debate y votación final. En cada etapa se vuelven a contar los votos y la tarjeta de la pestaña Gobierno muestra si va camino de aprobarse; puedes retirarla cuando quieras. Una ley con muy poco apoyo muere en comisión. Una ley rechazada no te cuesta nada; si tienes poder para ello, un decreto se salta el Parlamento, pero a la gente no le gusta.
Sí. En una votación de derogación las posturas se invierten: el partido al que le gusta la ley vota en contra de eliminarla. Si la derogación fracasa, la ley sigue vigente y los grupos que querían quitarla guardan rencor. En los regímenes sin elecciones el parlamento no vota: derogas cuando quieras.
Sí. Los regímenes parecidos se acercan y los opuestos se mantienen fríos; verás la afinidad ideológica en la ficha del país, y tus emisarios rinden más con regímenes afines. Si cambias de sistema, las relaciones se desplazan — la tarjeta de cambio te dice de antemano con cuántos países mejorarán o se enfriarán. Si abandonas la democracia, la UE, la OTAN y el G7 pueden votar sanciones contra ti.