Cada país tiene su árbol: el árbol Construir la nación que todos juegan, árboles de arquetipo según el carácter de tu país (gigante petrolero, puerto insular, núcleo industrial, fortaleza de montaña…) y un árbol propio para las grandes potencias. Los nodos se ordenan en carriles; cuando cumples los objetivos de un nodo se pone en verde, recoges la recompensa y se abren los siguientes. Las misiones señalan el camino sin obligarte; el juego sigue aunque las ignores.
Algunos nodos son cruces: dos ramas comparten la misma fila y solo puedes tomar una. En el momento en que eliges, la otra rama y todo lo que hay debajo queda bloqueado para el resto de esa partida: no hay vuelta atrás. Hasta que elijas, ninguna de las dos ramas se completa, así que el árbol simplemente espera.
Hay tres tipos: multiplicadores permanentes (construcción, investigación, ingresos, turismo…), impulsos temporales y desbloqueos: un edificio nuevo, un nodo de investigación terminado, una política aprobada gratis, acceso a un corredor, una exención de los requisitos de una organización. Los multiplicadores permanentes tienen un tope: un nodo aporta una porción pequeña, y el total de un mismo árbol sobre el mismo objetivo también está limitado. El árbol recompensa el rumbo que elijas; no rompe el equilibrio del juego.
Sí: cada país trabaja su propio árbol y elige en los cruces según su carácter, sin tirar dados. Sus recompensas se aplican con menor intensidad, una fracción de lo que recibes tú, así el equilibrio mundial no se altera. Puedes seguir qué camino tomaron tus rivales en el boletín de noticias.